Oscar Juárez Domínguez
“8 de cada 10 mexicanos rechazan justo ahora una intervención gringa en territorio nacional”.
El momento soberanista de la Presidenta.
La 4T es un movimiento social construido desde abajo, en la calle y con el pueblo. Es en los hechos, más grande, amplio y transversal que morena, pues el partido está limitado por la forma del sistema electoral, es decir, es solo un instrumento del movimiento para contender en elecciones con líderes sociales, políticos profesionales y uno que otro diletante. La 4T en el gobierno es más grande que las burocracias conservadoras que cohabitan en los aparatos administrativos y tratan de frenar el cambio de régimen apuntalando inercias del pasado.
El movimiento de transformación es así más grande que sus partes, es un proyecto popular para restituir las potestades del Estado nacional en los tres órdenes de gobierno cuyo objetivo es devolver los derechos y el poder al pueblo, que es el soberano instituyente.
El proyecto de transformación, hoy nos dice la presidenta de la República está bajo asedio desde los Estados Unidos con el beneplácito de las élites económicas y políticas de la derecha neoliberal.
Son horas de definiciones, la patria se defiende.

Uno. El blindaje obradorista de la 4T.
Andrés Manuel López Obrador blindó el gobierno de Claudia Sheinbaum dándole una perspectiva de Estado, una organización de base y un marco referencial popular con el fin de sostener el cambio de régimen en una nueva etapa de construcción institucional. La derecha más dura reacciona a su derrota de 2024 con la operación de un coup d’État souple usando los medios de comunicación de masas y el aparato judicial. La oportuna sacudida de la Suprema Corte de Justicia movió la correlación política de fuerzas y evitó el Lawfare cocinado desde el Poder Judicial que controlaba la derecha desde décadas.
Hoy la reacción tiene solo a los medios de comunicación y a la Embajada estadounidense con la vieja narrativa del “narco terrorismo” de la era Nixoniana.
Y van a intentar generar miedo y enojo sin éxito. Si hoy fueran las elecciones legislativas, morena obtendría una votación efectiva de cerca de 60%, retendría así la mayoría calificada en el Congreso. Contra ese consenso es que opera la CIA sin éxito.
El proyecto de cambio de régimen político sigue blindado por la voluntad popular.
Dos. La desestabilización que viene del norte.
La injerencia de las agencias de Washington operadas por la CIA y encubierta por los gobiernos de la derecha en Chihuahua y Coahuila buscan crear desde ahora un eje de polarización donde la izquierda, con sus contradicciones, es pintada como colaboradora del “narco terrorismo.”
Las operaciones han ido escalando. El relato injerencista debe tener hechos que mostrar para validarse desde los medios de comunicación. El objetivo es fabricar verdad jurídica y desestabilizar regiones rotas por las violencias impuestas desde el periodo neoliberal, como en el caso de Uruapan, donde las “autodefensas” ahora son un “movimiento civil independiente” con cause electoral en el MC.
El simulacro inducido con violencia sistemática por la CIA y amplificado en los pilares mediáticos de la derecha mexicana busca crear un nuevo marco referencial punitivista-injerentista de contraste con el marco referencial popular del Obradorismo histórico y así minar los soportes ideológicos de la transformación, romper la cohesión partidista y desmovilizar al pueblo.
¡No pasarán!
8 de cada 10 mexicanos rechazan justo ahora una intervención gringa en territorio nacional.
Aquí, hay mucho pueblo.
Tres. La presidencia soberanista.
Cooperación bilateral, sí. Sumisión unilateral, no. La presidenta ha convocado a la movilización popular para defender el proyecto de país centrado en los derechos de los más pobres, de la mayoría de la gente. Es un momento político de soberanía nacional que da cara a las agresiones gringas.
A Trump, desde el conflicto iraní, no hay que concederle, hay que pelearle la iniciativa política en una coyuntura geopolítica donde Estados Unidos busca imponer la fuerza armada como la medida realista del mundo. Hoy ante la neutralización de Europa, los tensores políticos reales a la iniciativa unilateral planetaria de Washington están en Pekín, Moscú, Teherán, Brasilia, México, Habana y la Roma de la Iglesia Católica, juntos son el nuevo eje del mal según Pete Hegseth y John Ratcliffe.
Y es aquí, donde el liderazgo de Claudia Sheinbaum entra en escena, no desde los imaginarios de Culiacán sino desde los nuevos balances de poder que van a moldear la globalización en la era post neoliberal.
La unidad entorno a la dirección política de la presidencia de la República es esencial para el movimiento. Hoy todos las mexicanas y mexicanos estamos llamados a acuerpar desde los barrios y colonias, en el territorio mismo, a la Jefa de Estado y de Gobierno y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas de México para hacer frente a los intereses extractivistas hemisféricos de los Estados Unidos.

México va bien. Hoy tenemos un récord histórico en inversión extranjera directa (IED), una inflación a la baja, aumento del 13% en el salario mínimo, más programas de bienestar para 8 de cada 10 familias mexicanas y la construcción de paz en comunidades del país que se refleja en una baja del 49% en homicidios y delitos de alto impacto desde el inicio del mandato presidencial
No debemos bajar la guardia en la defensa de la dignidad del pueblo de México.
A los traidores a la patria, nuestra memoria histórica y la ley como con Miramón y Mejía.
Desde los primeros hijos de México contra el Segundo Imperio sabemos bien que tenemos patria antes que partido.
Nuestra solidaridad con los pueblos del mundo en resistencia.
“La patria es primero”. Vicente Guerrero.
Oscar Juárez, politólogo.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.