Gasto en Bienestar Social en América Latina y el Caribe: 9 veces más para Adultos Mayores que para las Infancias.
América Latina y el Caribe (ALC) se enfrenta a una transición demográfica acelerada que amenaza la sostenibilidad de sus sistemas de bienestar, así lo describe el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su artículo titulado “Cosechas lo que siembras: Cómo el cambio demográfico y la protección social moldearán el futuro de ALC”.
Actualmente, el gasto que se le asigna a los programas de bienestar social es sumamente inequitativo, debido a que, en promedio, los países latinoamericanos y caribeños, gastan 9 veces más recursos económicos en adultos mayores que en niños (as).
Las y los niños de la región de ALC, representan el 29.3 % de la población total, pero solo se les asigna el 0.8 % del Producto Interno Bruto (PIB). En contraste, los adultos mayores representan el 9.4 % de la población total y se les asigna el 7.4 % del PIB de la región. Esto ha provocado que la pobreza extrema infantil sea 3 veces mayor que la de adultos mayores, comprometiendo así, la futura fuerza laboral y la capacidad regional para sostener el envejecimiento poblacional.

La inversión insuficiente en la primera infancia y la juventud condena a las futuras generaciones a arrastrar desventajas desde el inicio de sus vidas, impactando su capacidad para sostener los sistemas de protección social del mañana.
En cuanto a la pobreza extrema infantil relativa a la de adultos mayores, México presenta una tasa de 4.4, cifra superior al 2.8 del promedio latinoamericano y caribeño.

Otra problemática sustancial es la aceleración del envejecimiento poblacional, el cual contrasta con el bono demográfico -período en que el número de personas en edad de trabajar es mayor que la población dependiente- ya que este fenómeno comienza a agotarse rápidamente en muchos países de la región, debido a la naturaleza del modelo tradicional de seguridad social.
Este modelo de seguro social, se basa en la protección del empleo formal y las contribuciones a lo largo de la vida, pero este modelo resulta inadecuado ante la alta informalidad laboral -que en muchos países supera el 50 %-, aunado a la creciente participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, a menudo sobrecargadas por el trabajo de cuidados no remunerado.
No obstante, se destaca que la clave para solucionar dichas problemáticas, radica en la misma protección social. Para mejorar la productividad e impulsar la economía a través de la fuerza laboral actual y futura, es imperativo incrementar la participación laboral de las mujeres. Y paralelamente, debería fortalecerse el sistemas de cuidados de calidad y dar mayor acceso a este.

En conclusión, si la región de ALC continúa con su patrón de gasto actual, es muy probable que la próxima generación de adultos mayores se encontrará con sistemas de protección social fiscalmente agotados y una fuerza laboral menos productiva debido a la falta de oportunidades y desventajas acumuladas en la infancia.
La priorización de la niñez dentro de la política social no debería ser solo un imperativo ético, sino una estrategia con un enfoque de resiliencia económica para garantizar que las generaciones futuras tengan la capacidad de sustentar a una población mayoritariamente envejecida.
Por Víctor Rangel; politólogo.

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