“El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas hechas sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas”.
Zygmunt Bauman. (Amor Líquido).
Por años se ha escuchado en varios lados, la misma frase: “ya nadie quiere compromiso”.
Con base en un sondeo exploratorio en redes sociales, realizado por Observatorio Legislativo Edomex, acerca de temas como: amor, noviazgo y relaciones entre personas mexiquenses, se obtuvo información que amerita continuar la conversación y complementar los datos con estudios más robustos. En ese sentido, la evidencia aquí presentada no es concluyente, sino indicativa. Aquí algunos de los datos:
Dos de cada tres personas consideran que los noviazgos duran menos por la falta de compromiso. Como segunda razón se menciona que las parejas se aburren rápido. Es decir, estamos frente a sensaciones de fragilidad vincular, donde las relaciones se viven como más breves, más volátiles y más reemplazables.
Respecto a las motivaciones para comenzar un noviazgo, declaran que la gente lo hace por miedo a la soledad; por conveniencia y por validación, superando éstas al amor verdadero como motivación inicial.
En lo referente a las motivaciones personales, para iniciar un noviazgo; la atracción física es la razón principal y en segundo lugar el no estar solo.

De forma complementaria se observa que más de la mitad afirmó que “busca estabilidad cuando alguien le atrae físicamente”. Es decir, la estabilidad sigue siendo una aspiración dominante.
De esta manera, se presume que, primero es la química; y después la expectativa de proyecto. Primero la sensación; luego la estructura. El comienzo puede ser sensorial, pero la aspiración es duradera. La tensión o armonía entre ambos momentos define buena parte de la fragilidad o estabilidad actual.
Al parecer, las relaciones contemporáneas suelen comenzar menos por amor romántico y más por necesidades emocionales. Esto implica una transformación silenciosa; la pareja ya no es sólo destino romántico, sino refugio emocional. Tal vez las relaciones funcionan como antídoto contra el vacío.
Cuando se habla de los factores que fortalecen una relación, se destacan: buena comunicación, metas compartidas y confianza.
Complementando, argumentan que los factores que más peso tienen dentro de una relación son: la estabilidad económica y el proyecto de vida.
Esto revela algo incómodo, pero necesario… el amor no vive aislado de las condiciones materiales. La comunicación puede construir puentes, pero la incertidumbre constante puede desgastarlos. Las metas compartidas unen, pero sin un horizonte viable se vuelven solo aspiraciones. La confianza sostiene, pero necesita un entorno donde el futuro no sea una amenaza permanente.
Respecto al papel que juegan las redes sociales digitales –tan señaladas como villanas modernas– no son culpables por sí solas. La mayoría de las y los encuestados sostuvo que su impacto negativo depende de la madurez de quienes las usan. No es la herramienta; es el usuario. No es Instagram, Facebook y TikTok; es la inseguridad.

Dicho en otras palabras, el problema no es la tecnología, ni el contexto, ni siquiera el deseo. El problema sería la incapacidad de gestionar emociones, límites y expectativas.
Otro de los datos más interesantes, no tiene que ver con compromiso ni con redes sociales digitales, sino con algo más profundo… la responsabilidad emocional. Cuando se preguntó a las y los encuestados qué arruina más las relaciones, la respuesta principal fue: inmadurez emocional. Cuando se preguntó cuál es la red flag más tóxica, la manipulación emocional encabeza la lista. Cuando se indagó por qué terminan las parejas, la falta de responsabilidad emocional superó incluso a la infidelidad.
En el ámbito autorreflexivo, apenas cuatro de cada diez personas creen ser la pareja que ellas mismas elegirían. Cerca del 60 % reconoce que “no está completamente seguro (a)” o que está “trabajando en eso”. Por tanto, existe la autocrítica, hay conciencia, pero también se identifica un proceso individual puesto en marcha.
En ese sentido, se puede inferir que el amor no flota solo en el aire. Al parecer, está atravesado por condiciones materiales. Hoy día, perece que se empieza con la atracción física o bien para no sentirse solo (a), pero son la estabilidad económica y el proyecto de vida los que amalgaman la posibilidad de permanencia. El ejercicio evidencia que las decisiones afectivas están influidas por incertidumbre económica, expectativas profesionales y presión social. Amar, también es decidir en qué contexto se puede sostener ese amor.

Quizá nos encontramos en un momento en el que se ama de manera diferente. Tal vez más conscientes de la manipulación, más críticos (as) de la inmadurez, más atentas (os) a la estabilidad económica, pero también más expuestas (os) a la inmediatez y a la sustitución.
Puede ser que la frase correcta no sea “nadie quiere compromiso”, sino “nadie quiere comprometerse sin garantías emocionales”. Y esas garantías –comunicación, responsabilidad, estabilidad– ya no se darían por sentadas; se estarían construyendo.
Los resultados del ejercicio apuntan a que el amor no está desapareciendo, está exigiendo mayor responsabilidad. Y eso, no necesariamente es una mala noticia.
A continuación, te mostramos las gráficas del sondeo:














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