El smartphone podría estar reformando nuestra capacidad de concentración, nuestras habilidades sociales en el mundo real, nuestra memoria y nuestra percepción de la realidad…

Un estudio actual realizado por investigadores de la Universidad Nacional Australiana, ha dado pauta para reflexionar acerca de la relación entre los seres humanos y los teléfonos inteligentes, exponiendo que, desde una perspectiva evolutiva, el smartphone podría tener más funciones de un parásito que de una herramienta tecnológica. Dicha investigación, ha llamado la atención de medios de información como Deutsche Welle, el cual ha expandido este estudio.

Desde su aparición -el smartphone- ha revolucionado el acceso a la información, así como la manera en la que nos comunicamos y relacionarnos con el mundo. Asimismo, nos ha dotado de capacidades interactivas sin precedentes, convirtiéndose en un accesorio indispensable en la época contemporánea. No obstante, esta investigación propone una analogía interesante: ¿solo somos usuarios, o nos hemos convertido en los anfitriones de un parásito digital que se nutre de nuestros recursos y altera nuestro comportamiento para su propia supervivencia?

La metáfora del parásito no es casual. En términos biológicos, un parásito es aquel organismo que vive sobre o dentro de otro organismo -como un huésped-, beneficiándose de él y causándole cierto daño o perjuicio. Aplicado al smartphone, los investigadores plantean que estos dispositivos, si bien nos otorgan beneficios fácticos y aparentes, también nos explotan de distintas formas.

Imagen: Pinterest.

Uno de los argumentos centrales de esta investigación, se enfoca en la dependencia creciente. La constante necesidad de revisar notificaciones, la ansiedad ante la ausencia del dispositivo (nomofobia) y la dificultad de mantenerse desconectado, son indicadores de una relación que va más allá de una simple utilidad laboral o de entretenimiento. Los smartphones compiten por nuestra atención, nuestros recursos cognitivos, perturbando así, nuestro tiempo de sueño o descanso. Éstos, nos alejan  de actividades esenciales para nuestra salud física, mental y emocional.

También, el estudio señala cómo los algoritmos de las aplicaciones están diseñados para maximizar el tiempo de uso, creando sensaciones de recompensa que estimulan la liberación de dopamina y fomentan conductas adictivas. En este sentido, el parásito digital no solo se beneficia de nuestra atención, sino que permanentemente manipula nuestros procesos neuroquímicos para asegurar su permanencia y uso continuo.

Imagen: Línea Directa Portal.

El smartphone podría estar reformando nuestra capacidad de concentración, nuestras habilidades sociales en el mundo real, nuestra memoria y nuestra percepción de la realidad, anteponiendo la recompensa instantánea y la interacción digital sobre las experiencias que producen las relaciones humanas directas.

*En ese te sentido, en el Estado de México, el grupo parlamentario del PAN presentó una iniciativa de ley para proteger a niñas, niños y adolescentes en redes sociales digitales. Propone limitar el acceso a redes a menores de 14 años y prohibir el uso de celulares en clases, con resguardo seguro en escuelas. (Aquí puedes ver la iniciativa del diputado Anuar Roberto Azar Figueroa).

Es evidente que dicha investigación no pretende satanizar a la tecnología, sino hacer un llamado a la reflexión y la autocrítica respecto de nuestra relación para con la tecnología. Para evitar convertirnos en anfitriones, es necesario concientizar acerca de cómo, cuándo y cuánto permitimos que estos parásitos digitales controlen nuestros comportamientos y estilos de vida. La clave radica en la autorregulación en cuanto al uso que le damos a los smartphones.

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https://www.dw.com/es/su-smartphone-es-evolutivamente-hablando-un-par%C3%A1sito-estudio/a-72873745