De lo político y la larga duración.
Vivimos un fin de época, que va de los Acuerdos de Chapultepec de 1994 que impulsó la transición política de la alternancia electoral hasta el Pacto por México que hizo posible un gobierno de coalición entre panistas, perredistas y priistas para aprobar la agenda de reformas neoliberales obstruidas desde 1988.
El giro del PRI y PRD hacia la derecha panista dejó vacío el campo opositor de centro político que fue disputado por la mercadotecnia del MC y la propaganda de Morena. El liderazgo histórico de López Obrador y el malestar democrático con las élites dominantes del Pacto por México hizo volar en añicos el sistema de partidos y consolidó un realineamiento del votante por Morena y ahora por la continuidad de la 4T significada en un paquete legislativo de reformas constitucionales y legales que doten de mayor capacidad institucional al Estado para generar justicia con paz y bienestar.
Ese es el mandato electoral de 2018 para formar el primer gobierno unificado desde 1997 y hacer posible la reforma del poder planteada por el ala reformista del priismo que quedo pendiente en una periferia pobre de Tijuana hace 30 años.
El fin del Pacto por México.
Los partidos del Pacto por México están en crisis electoral. El giro del PRD hacia la derecha, fue letal, no obtuvo la votación mínima para conservar el registro como partido político nacional. PAN y PRI perdieron más de la mitad de sus votos y abrieron grietas públicas a la unidad política donde las dirigencias son cuestionadas por sus propias bases y cuadros de partido.
La salida a las crisis electorales priistas cuando ganó Fox y Calderón habían sido la convocatoria nacional para conservar la unidad, la renovación de dirigencias, la reorganización territorial y programática, así como fortalecer la gobernanza partidista en la dirección política.
Alito apostó por otro camino: recortar estructuras y quedarse 12 años más al frente de lo que queda del partido de la Revolución Mexicana.
El PRI en el cambio de régimen.
El PRI se agotó en su desplazamiento definitivo hacia la derecha. No queda otro camino a la camarilla priista sobreviviente que seguir desplazando la narrativa y las formas hacia el extremo liberal.

Y para lograrlo ocupan mantener la dirección política partidista centralizada en la presidencia del Consejo Político Nacional y hacer ajustes mínimos pero necesarios para concentrar aún más poder en la dirección nacional a costa de la fuerza territorial priista en estados y municipios:
- Blockchein y contratación de deuda bancaria de corto y mediano plazo apalancada en hipotecas de los bienes muebles del PRI hasta en un 20% del total de las prerrogativas, las veces que se requieran por “en un marco de discrecionalidad razonable”.
- Concentrar decisiones financieras en la presidencia de la Comisión Política Permanente y en la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional.
- Reelegir la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional por hasta 12 años.
- Dotar a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional la capacidad de nombrar y remover a los coordinadores de los grupos parlamentarios del PRI en el Congreso y en las Legislaturas de los estados.
- Recortar el Consejo Político Nacional para que no haya contrapesos internos a la dirección política del partido.
El riesgo sistémico de esta agenda de cambios estatutarios, es que la justificación para imponer la reelección de la dirección nacional priista está a contrapelo de la reforma electoral de la 4T: hoy Morena es sufragista y anti reeleccionista.
Oscar Juárez, Politólogo.

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